logo


Enfermedad renal en gatos

Como todos sabemos, la función principal de los riñones es filtrar los residuos de la corriente sanguínea y excretarlos por la orina. También controlan los niveles de electrolitos (iones), además de producir sustancias esenciales como la hormona eritropoyetina (más conocida como EPO), que estimula a la médula ósea para que produzca glóbulos rojos.

La enfermedad renal tiene como consecuencia una alteración de todas estas funciones. Puede afectar a gatos de cualquier raza, sexo o edad, aunque es más frecuente observarla en animales mayores. Otras causas que pueden provocar enfermedad renal son la ingesta de tóxicos, infecciones y cálculos renales, enfermedades víricas como la peritonitis infecciosa, obstrucción urinaria, neoplasia o riñones poliquísticos, aunque en la mayoría de los casos diagnosticados no se conoce la causa.

Existen determinadas patologías renales que se transmiten genéticamente como son los citados riñones poliquísticos en los gatos persas. Por este motivo, estos ejemplares no deben ser cruzados.

Prevención

Como en la mayoría de las patologías, la detección temprana del fallo renal crónico en pacientes felinos aumenta las posibilidades de supervivencia. Es recomendable realizar chequeos anuales a partir de los 7 años de edad para detectar variaciones en los parámetros sanguíneos, ya que cuando se producen alteraciones analíticas, el 75% del total del tejido renal ya no funciona ni se recupera. La evolución de la enfermedad renal varía mucho de un individuo a otro. Se estima que uno de cada cinco gatos de más de quince años presenta esta patología.

Los chequeos anuales deberían incluir una analítica sanguínea, un análisis de orina y otros exámenes complementarios como radiografías y una ecografía abdominal.

Signos clínicos

En general, los propietarios observan letargia o somnolencia, anorexia y pérdida de peso, vómitos, diarrea o intolerancia al ejercicio. Otros signos detectados pueden ser ingestión de agua en lugares poco frecuentes, aumento de la cantidad de orina en la bandeja, heridas en la boca, mal aliento o pelo en mal estado.

Tratamiento

Es frecuente que en el momento del diagnóstico se inicie el tratamiento con fluidoterapia intravenosa, soporte nutricional y medicación. Una vez en casa puede seguir necesitando suero subcutáneo.

Muchas veces es necesario administrar dietas renales con poca proteína y fósforo. Es importante aumentar el consumo de agua, por lo que las dietas húmedas son las más recomendables.

Pronóstico

El pronóstico a largo plazo no es bueno, ya que la enfermedad es progresiva e irreversible. Además, es importante monitorizar la evolución del animal periódicamente.

Si observa que su gato presenta alguno de los signos clínicos mencionados anteriormente no espere más y consúltenos. La prevención es el mejor tratamiento.

Deja una respuesta

*

captcha *