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¿Conocemos a los gatos? (primera parte)

Pablo Hernández Garzón
Veterinario – Etólogo

Aunque el gato doméstico lleva conviviendo con los seres humanos probablemente desde hace unos seis mil años, todavía hoy sigue siendo un enigma en muchos aspectos.

Sin embargo, debido a la enorme popularidad que ha adquirido en los países desarrollados en los últimos veinte años, los conocimientos sobre esta especie han sufrido una importante evolución y merece la pena comentarlos.

En primer lugar, no debemos considerar al gato como un perro pequeño. Aunque, por supuesto, comparten ciertas similitudes, en general la conducta social, los sistemas de comunicación y muchos otros aspectos del comportamiento de los gatos los diferencian perfectamente de los perros.

Estas diferencias son las que debemos conocer para poder llegar a entender porqué los gatos se comportan como lo hacen.

Tipos de personalidad en el gato

A través de estudios realizados en gatos de laboratorio, se ha llegado a la caracterización de dos o tres tipos (según los autores) distintos de personalidad en el gato en relación a su interacción con las personas:

  1. sociable, seguro y extravertido.
  2. tímido, retraído y esquivo.
  3. activo y agresivo.

 

Estos distintos tipos también se observan en los gatos que conviven con sus propietarios, de forma que hay algunos animales que a pesar de darles la mejor socialización posible, nunca llegan a ser animales afectuosos o amigables.

La existencia de estas diferencias parece deberse a la influencia de varios factores:

  • interacción con la madre.
  • personalidad o carácter del padre.
  • socialización y experiencias tempranas con personas.

 

comportamiento gatos 1

 

Conducta social

Comúnmente se ha hablado del gato como una especie asocial, es decir, que vive una existencia solitaria, limitando sus relaciones con otros miembros de la especie a la época de reproducción y a las relaciones entre la madre y los gatitos.

Sin embargo, últimamente, las observaciones realizadas en diferentes grupos de gatos han llevado a pensar en la conducta social del gato como una conducta flexible y adaptable a las diferentes circunstancias del entorno, principalmente la disponibilidad de comida.

Aunque una parte importante del comportamiento del gato (por ejemplo, la conducta de caza) no ha sido modificado por el proceso de la domesticación y el consecuente mantenimiento de los gatos en convivencia con las personas, la conducta social si se ha visto afectada por este proceso, habiendo tenido un efecto muy importante en las relaciones que establecen los gatos tanto con otros gatos como con los humanos.

Un aspecto que puede ser decisivo de este proceso es la densidad de animales que normalmente encontramos en los hogares. Mientras que en gatos asilvestrados en entornos rurales la densidad de población puede variar entre 5 y 50 animales por km², en el entorno urbano se han llegado a contabilizar hasta 2.000 gatos por km². Si concretamos más aún, en muchos hogares y criaderos los propietarios pueden mantener a cuatro o cinco gatos en 200 m², lo que equivaldría a una densidad de animales por km² de ¡¡25.000!! Tales densidades de animales suponen cambios importantes en las estructuras sociales originarias de los gatos, modificando sus relaciones entre gatos y con las personas.

Relaciones gato-gato

Se ha observado en las colonias que forman estos animales, que son capaces de reconocer a los miembros de la colonia de los que no lo son. Los gatos miembros de la colonia muestran agresividad hacia los no miembros y no se les permite aproximarse o entrar en el grupo, Sin embargo, si un animal es persistente en sus intentos de unirse a la colonia, a veces puede llegar a formar parte de ella, pero sólo después de un proceso gradual que implica múltiples interacciones con los gatos miembros.

Entre los gatos miembros, las relaciones no son todas iguales, sino que se ha observado que algunos animales prefieren más a otros en concreto, formando “sociedades preferidas”7 o “relaciones preferidas”. Normalmente no suelen existir preferencias por sexo en estas relaciones, de forma que podemos ver relaciones macho-macho, macho-hembra o hembra-hembra. La única excepción son los gatos machos enteros en los cuales el número de interacciones entre ellos es mucho menor, probablemente por la competitividad sexual.

Entre los gatos de la colonia y especialmente entre los “socios preferidos”, se observan toda una serie de interacciones que indican la familiaridad con el otro individuo y que establecen lazos estrechos entre ellos, principalmente por el intercambio de olores. Algunas de estas conductas son:

  • saludarse o recibirse tocándose la nariz.
  • lavado mutuo (allogrooming).
  • frotado mutuo (allorubbing).
  • jugar juntos.
  • correr juntos.
  • tumbarse y dormir juntos.

 

Por tanto, en las relaciones entre gatos uno de los aspectos fundamentales es la familiaridad que existe entre ellos, determinada en gran parte por un “olor común” dentro del grupo. Cuanto más tiempo llevan conviviendo juntos los gatos más difícil es que manifiesten agresividad entre ellos. Esto va a tener una importancia grande a la hora de introducir animales nuevos en un grupo ya establecido.

comportamiento gatos 2

Relaciones gato-hombre

Según algunos autores, las relaciones hombre-gato no se ajustan a una estructura social jerárquica, o incluso ni siquiera pseudo-jerárquica, sino que el gato parece usar cada comportamiento que conoce para desarrollar una serie de rituales interpersonales y rutinas con las personas, muchas de ellas derivadas del aprendizaje y la aculturación tanto por parte del gato (por ejemplo, subirse al regazo de los dueños mientras ven las televisión, adaptar el ciclo de vigilia-sueño a la actividad de los propietarios, etc.) como por parte de las personas (por ejemplo, alimentar al gato cuando maúlla, levantarse por la noche cuando el gato pide comida o salir fuera, etc.).

En cualquier caso, parece que la relación que establecen con nosotros es un reflejo de la que establecen con otros gatos. Así, podemos observar el frotamiento contra nuestras piernas al volver a casa, lo que supondría una conducta de bienvenida igual a la usada con otros miembros de su especie o la reciprocidad al acariciarlos en la cabeza y el cuello, como ocurre también entre los gatos del mismo grupo. En cuanto a este último ejemplo, hay autores que piensan que la agresividad que muestran algunos gatos ante las caricias de sus propietarios estaría motivada en parte por acariciar zonas del cuerpo que no son las típicas de la conducta intraespecífica.

Otros comportamientos que se suelen dar entre los gatos y las personas son aquellos considerados como infantiles o neoténicos, es decir como haría un gatito con su madre (por ejemplo, amasar, ronronear o chupar).

También se observan conductas dirigidas hacia las personas que normalmente están reservadas para objetos del entorno (por ejemplo, rascar en los pantalones del dueño, subirse a sus hombros, etc.).

Es de suponer también que en las relaciones con sus propietarios los gatos establecerán preferencias, al igual que ocurría con los “socios preferidos” dentro de las colonias de gatos, como hemos visto anteriormente.

Sin embargo no conviene caer en el antropomorfismo, de forma que interpretar una conducta como la de traer presas a casa como que el gato está trayendo un presente o regalo al dueño, sería falso, según algunos autores. Según ellos, el gato trae la comida a casa porque es el lugar preferido para alimentarse.

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